Fernando Barriga Montaño

 

 

Dejémonos
De tanta teoría
De Lacan, Freud y Maslow
Sólo son un callo
En el alma
Liberémonos
Del collar de espinos
Que nos pusieron
En la garganta
Que enmudeció
La voz del alba
Y oscureció la luz
De tu mirada.

En la infinita, arquetípica biblioteca, conversaban Borges, Alberti y Cortazar, inevitable pensar en el número tres de cabalistas y pitagóricos, en la triada superior de los teósofos y en tantas otras ilustres trilogías.
Hubiera querido pasar desapercibido, ser invisible, pero Borges que hablaba sobre los sueños, notó mi presencia; del brazo de Alberti llegó hasta mi, sus ciegos e insondables ojos me observaron minuciosamente, como en un juego de espejos vi   en ellos reflejado el tiempo que abarca el alba y el ocaso de mi existencia. La voz de Alberti quebró el mágico silencio para sentenciar:

Extranjero que el mar arrojó
A las playas de este sueño sin tiempo
Vuelve en tu barca de fuego
Al origen arcano, al íntimo latido
Más allá de las dudas y el olvido.
Quise decir algo/ traducir en palabras/ mi devoción por ellos/
Y hablar del dulce éxtasis/ que su literatura me depara/
Mas  otra voz/ que me recordó  vagamente la mía musitó:
No saber que la vida es sueño
No saberlo y creer que estoy despierto
Es multiplicar el atroz e incierto
Laberinto de la muerte, ese otro sueño.

Desperté con la certeza  de haber perdido para siempre  en los abismos de mi conciencia,  una parte-acaso la más luminosa- de mi vida,  mientras la voz repetía las últimas líneas del poema “Los enigmas” de Borges:

Quiero beber su cristalino olvido
Ser para siempre, pero no haber sido.


 
 

Al alba, viajero sediento
Vuelvo a tu vientre
Huerto de resonancias marítimas
A beber arcanas esencias
En una copa de fuego.

 

 

Dije tu nombre
Llovió alegría
Mi pluma de agua tornose
Mar sereno
Viento de fuego
Volví a la vida
En ti.

 

 

La soledad y yo:
el mismo espacio
en distintos tiempos.

 


 

Otra manzana
para  volver a comenzar
pero  esta vez
sin  guardianes  alados
ni  espadas   flamígeras
ni  puertas.

 
 


Ilustración: "Manda quien tiene la espada". KARMO

 
 

Una palabra para nombrarte
una palabra que te contenga
integra,
que te devuelva
anónima
a tu propio vientre
para vaciarte
de ti.

 

 

Son las palabras:
Puertos imposibles
Lejanas  murallas
Donde anudar busco
Mi peregrina barca.

 

 

No encontré
La palabra
Que contenga
O desate
La luz
¿Dijo algo Wittgenstein?

 


 

PLAYAS DE AUSENCIA

Quiero llegar a tus playas de ausencia
Donde la soledad se esconde
Tras los espejos del alba
Para quemar mi nostalgia
En el crisol de tu mirada.

 

 

PECES DE FUEGO II

Solo peces de fuego
Pueden nadar
En las aguas sin tiempo
Que me aguardan
Tras las murallas del alba.

 


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