Marco Antonio García Claros

Nacido en Cochabamba, vivió sus primeros años en Aiquile, creció en La Paz y se desarrolló y multiplicó en Cochabamba. No sabemos en qué momento se perjudicó. Vive actualmente en la capital de las flores, nombre con el que se conoce a la localidad de Tiquipaya, denominativo que seguramente corresponde a épocas más bien pasadas, y que debe ser actualizado con urgencia dado que ya no las produce y ha cambiado de vocación dedicándose a la horticultura en pequeña escala (entiéndase bien, Tiquipaya).  Por cierto, en el lugar no sólo viven las Flores, sino también las Rodríguez, las Vidal y otras damas.

Accidentalmente, elucubra alguno que otro poema, alguna idea disparatada y funciona como las ollas, a presión.

Conserva aún frescas las ideas que tenía en su juventud, las que comparte con otros vates (entiéndase vates, no bates) de Semilla, que a estas alturas ya debió germinar y fructificar, pues las semillas deben cambiar y crecer convertidas en frondosos y bien cuidados árboles.

A JORGE MEDINA

  Algún día,
tal vez pronto
cuando no estés ya
a mi lado,
y necesite de tu presencia,
de la palabra precisa,
de tú ejemplo valioso.

 
  Entonces, y tal vez antes,
acudiré a tu encuentro,
y en el fervor de los días,
intentaré imitar
tú infatigable
esfuerzo,
tú constancia,
tú inquebrantable amor.

 
  Algún día,
día a día,
les hablaré a mis hijos
de nosotros,
con mi ejemplo
mostrando en él
lo valioso
que fue el haberte conocido

 
  Conservaré tu amistad
como mi único tesoro,
por encima de todo tiempo,
de todo anhelo,
y le diré a este país
que tanto amaste,
quién fuiste,
les reprocharé su olvido.

 
  Les diré de tú amor
por los niños, los desposeídos,
los indefensos, por los indios.
Les diré que fundiste
tú juventud en el crisol cobrizo
del Ande,
y en tu madurez,
en la majestuosidad
de éste cinturón pétreo
depositario de tus sueños,
en la inmensidad ocre de la altiplanicie,
de tus piedras ancianas,
conservando su forma en tus vasijas,
plasmando sus colores en tu lienzo,
y en el cielo límpido
tú silencio…

 
  En ese tiempo, que no es nuestro tiempo,
tú estarás siempre presente,
como el cielo,
la montaña ,
el horizonte.

 



Ilustración: "La incertidumbre de lo irremediable", (A mi padre In Memoriam). KARMO

Insistiremos
en que los poemas,
que se desbordan
por el lápiz
que los contiene
buscando encontrar
su cauce en el papel,
no serían tales
si al escribirlos no
recordará tú mirada,
que inquiere dentro mío,
sabiendo donde escondo
mi ternura,
porque tu conoces de mí
más que yo mismo,
y mis secretos
son las verdades
que esgrimes
para que me refleje
en tú mirada,
sin mentiras ni tapujos,
desnudo e incompleto.
Por eso al recordarte,
al cometer
de vez en cuando
un poema,
en tú mirada transparente
la que guía el trazo que debe realizar
mi mano.



.